domingo, 22 de enero de 2017

Útero


Los sonidos de la naturaleza
son bramidos de ángeles, 
son cánticos de dioses.
Las imágenes que comprende y entrega
son magia sobre lienzo cósmico,
colores y formas que juegan
bendecidas con misticismo.

Los aromas, elixires de la flora...
Regalos de pétalos 
pálidos e inocentes 
que impregnan de fragancia 
a la vulnerable fosa nasal. 

El milagro de la vida
en la diversidad 
de especies ingenuas
que existen sin saber 
que algún día se extinguirán. 

La sangre, el agua y la tierra 
en constante movimiento, 
latiendo unificadas 
en el útero del intersticio
entre el orden y el caos.

La semilla descansa en posición fetal, 
la planta a punto de nacer 
reposa en la placenta de la corteza.
Una estrella fugaz desciende 
y se vuelve el pichón que cae del nido, 
desprendiéndose del firmamento,
sin destino certero.

Hay una madre universal 
pariendo todo esto
cada día ,
con dolor y esperanza,
con el vientre explotado 
de alas y margaritas,
con el rostro cansado 
pero lozano y sonrojado, 
jovial, 
fresco.

Hay una madre que lo contiene todo 
en sus brazos interestelares, 
y con una canción de arrullo
nos acoge,
una y otra vez, 
en el seno de la inagotable existencia.

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