viernes, 26 de abril de 2013

La poesía nace
del encanto
o del desgarro
y es siempre una abstracción
placentera
o dolorosa.
El poeta es un puente
entre el cielo
y el infierno:
mensajero de luz,
vocero de fuego.
Las palabras son la expiación
-y tal vez, el pecado-
de un alma introspectiva.
Y todo lo que conforma el exterior
es inspiración
o vértigo.