miércoles, 21 de agosto de 2013

Gea

Bésame”, dijo la tierra,
algo en ella hablaba con júbilo,
algo nacía desde sus vísceras,
continentes de su exaltación,
bisagras de su acontecer.


La iridiscencia refulgente
en las llamas de su grito,
brillaba benevolente,
sacudiendo mis latidos.


Oye mi llanto y canta”,
dijo con apacible empatía.
Y al oír su dulce voz,
el rumor del río se estremeció,
y todas las aristas en mis arterias
sintieron la vida empaparse en fulgor.


Lodo y florecillas
entrelazados y rozagantes,
crearon, sin condiciones,
sostén sagrado bajo mis pies.
La piel y el barro se fundieron,
la piel y la naturaleza toda,
gracia florida germinada en el cuerpo,
fuga gloriosa de uno mismo
y de su contenido.


Abre mi pecho y guarda un secreto”,
y entonces, regalé mi mejor semilla.
Nos fundimos en un abrazo,
y en ese instante de entrega,
yo me vi reflejada en sus raíces,
y ella se vio prismada en mis ojos.


Desde entonces,
supimos que nos necesitábamos,
y tuve la certeza
de que Gea sería la única
que no me olvidaría.




Ebullición

Hay días en los que siento
que el corazón se me sale del cuerpo
-como si algo maravilloso
fuera a sucederle fuera-.
Hay días en los que
las manos me sudan
sin razón alguna,
y los párpados me laten
más rápido de lo que pestañean.
Nada, absolutamente nada.
Nada que sea visible,
nada que explique de alguna manera
ese nerviosismo de espera,
esa ansiedad de concreción,
de algo que no sé qué es
pero que está latente en el aire,
dando vueltas en las partículas,
como un impulso maníaco
escondido bajo este fardo sosegado de materia.
Hay días en los que
hay un grito contenido
que podría salir en cualquier instante,
y que, no obstante,
por alguna razón que tampoco conozco,
retengo en el camuflaje del silencio.
Hay días en los que dentro mío
se desatan mil guerras,
donde todo en mí se desangra,
y sin embargo, yo sobrevivo.
Hay días en los que parezco entera,
cuando cada fragmento que me compone
está hecho añicos y pisoteado por gigantes.
Hay días también, en los que mi cara de idiota
alberga encubiertas ideas brillantes,
-ideas que casi siempre quedan en ideas-,
potencial que no termina de salir del letargo.
Hay días en los que miro todo con extrañeza,
como desconociéndolo,
como si hubiese algo que no encajara,
o al menos,
como si yo hubiese perdido la capacidad
de encontrar el punto de encastre.
Hoy es uno de esos días
tediosos y eternos,
de alma desfigurada y tejidos confundidos,
de existencia atolondrada y cerebro revoltoso,
En los que tan sólo deseo rabiosamente
atornillarme los ojos hasta mañana.