jueves, 20 de febrero de 2014

Romance del viento y el tiempo


Pacífica es la mirada del viento
que susurra, elocuente, poemas al tiempo.
Supera su voz a cualquier otro intento
de enamorar a las horas que aún no han pasado.

El viejo reloj, como hipnotizado,
suspira segundos con su suave aliento.
Cada minuto lo siente sagrado,
Cronos, templado, congela el momento.

Día y noche se han yuxtapuesto,
ayer y hoy, presente y pasado.
El rostro de Jano se ha transformado:
se han igualado perfiles opuestos.

“Déjame beber, purísimo Cronos,
de la eternidad que, con gracia, inunda tus huesos.
Cólmame de vida y de fibra del cosmos,
y a cambio tendrás en tus labios mis besos”.

Y así es como el amor detiene un instante
a todo lo que corre con prisa y errante.
El viento nos roza, paseando oscilante
entre el fresco aire y el dulce sentimiento.
El beso del amado inmortaliza el momento,
será que el fiel viento ha llegado a su puerto.




lunes, 3 de febrero de 2014

Vuelo rojo

El mundo corre por mis venas
como una pluma sigilosa.
La sangre fluye, impetuosa,
con su torrente de penas.

Vuelan dentro las aves rojas,
emigrando al propulsor músculo.
(Lo gigante y lo minúsculo
El débil corazón aloja).

Algo aletea en una arteria,
con frenesí golpea sus muros.
Será el amor o la tenue histeria,
serán temores que quedan mudos.

La vida contenida grita,
el cuerpo vuelca incertidumbre.
Vertiente de gloria fortuita,
que desemboca en podredumbre.

Sangre calma o turbulenta,
que al correr bendice, o ahoga.
Amarra o ahorca, como una soga,
circula pacífica o violenta.

Estando, exalta y excita.
Y cuando no conmueve, alborota.
Ciclotimias intactas y paces rotas,
brotando en angustia infinita.

Las aves rojas vuelan fuera...
¡Se tiñe el asfalto moribundo!
Se ha parado por dentro el mundo,
se ha coagulado la espera.




Atemporal

Altaneras, 
las luciérnagas ancestrales
iluminan tu pupilas,
en un vuelo milenario.

Tus pestañas de miel y pluma
vuelan,
se desprenden en escala
y se pierden
en el aire místico y etéreo.

Diáfanos diamantes
que a tu lado son nada.
Cada célula en tu ser
es iridiscente y gloriosa.

Cada uno de tus poros
es una amatista atemporal.
Y yo, soy el tiempo
detenido en tus manos.



Las cosas

Hierven, las cosas hierven:
el epicentro de la tierra,
y la ira contenida en sus garras.
“Tú, que fuerte te amarras,
no evitarás que desate esta guerra,
haré que todas las cosas tiemblen”

Gritan, las cosas gritan:
el roble quedo en las raíces,
y el dolor en su tronco dorsal.
“Hombre, causaste este mal…
Sólo dejas muerte y cicatrices
en los hermanos que te suplican”

Lloran, las cosas lloran:
la gaviota moribunda en el mar,
y la astilla infecta en sus alas.
“Bastardo, en nada te igualas
a otros seres capaces de amar,
¡Seres que piedad imploran!”

Laten, las cosas laten:
la vida en cada átomo ínfimo
de algún feto intoxicado.
“¡Verdugo! Me has condenado,
contaminando mi espacio íntimo,
a tragar mierdas que me maten”

Sufren, las cosas sufren:
la estrella tenue en el universo,
a la que nadie pide deseos.
“Mundano, quedó desterrado
el placer visual ante el firmamento,
tus humos grises todo recubren”

Las cosas hierven,
las cosas gritan,
las cosas lloran,
las cosas sufren.
Las cosas, todavía laten
donde el ser humano destruye.

Amantes




Pasionarias,
tus piernas y mis piernas

forman enredaderas

con ansias revolucionarias

de subir por las caderas.

Áreas esteparias,
somos voraces fieras
buscando, entre marañas,
artimañas placenteras.

Mi canino sagaz te alcanza
con su mordida pasajera.
vos cobrás venganza,
y me depredás entera.

Nuestros sexos se amalgaman
sin hierática espera.
Nuestras miradas se reclaman,
hechizadas por la hoguera
de ese fuego que las llama,
en los ojos del que ama.

Somos bestias agrias,
y flores de primavera…

Criaturas ordinarias
con románticas quimeras.