domingo, 22 de enero de 2017

A la luna


Vagabunda nocturna y errante
entre niebla y humedad,
tus manos agrietadas
son la inmensa luz latente
que aguarda, como una perla frágil,
entre callejones de suciedad y miseria.

Huérfana meditabunda y desdichada,
hermana del día, bastarda del sol.
Se levantan rumores y murmullos
acerca de tus silencios.
Tus silencios, letales y soberbios,
tus silencios
que son lujuria y suicidio.

Se alzan coronas en tu nombre,
mas ningún imperio te merece.
Constelaciones de arlequines insomnes
se sonrojan al robarte una sonrisa :
fugaz, pero sublime.
Inolvidable para el éter,
que se masturba al pronunciarte.

El velo que cubre tus secretos
es cómplice de tus vicios,
y de tus anhelos.
Tocar el cielo puedes,
humillándolo.
No hay nada que para ti
sea imposible.
No hay nada que ante tus ojos
sea misterioso.

Tú guardas el misterio
más empañado y precioso.

Tú eres la gema
más brillante y encantadora.

Encandila mis noches,
que a cambio 
te regalaré mis sueños más oscuros.

Acompaña mi desvelo,
que la noche es fría
y tu imagen dulce.

Rompe tu silencio,
y entonces, la galaxia toda
se estremecerá al escucharte.

Útero


Los sonidos de la naturaleza
son bramidos de ángeles, 
son cánticos de dioses.
Las imágenes que comprende y entrega
son magia sobre lienzo cósmico,
colores y formas que juegan
bendecidas con misticismo.

Los aromas, elixires de la flora...
Regalos de pétalos 
pálidos e inocentes 
que impregnan de fragancia 
a la vulnerable fosa nasal. 

El milagro de la vida
en la diversidad 
de especies ingenuas
que existen sin saber 
que algún día se extinguirán. 

La sangre, el agua y la tierra 
en constante movimiento, 
latiendo unificadas 
en el mismo huevo, 
en el útero del intersticio
entre el orden y el caos.

La semilla descansa en posición fetal, 
la planta a punto de nacer 
reposa en la placenta de la corteza.
Una estrella fugaz desciende 
y se vuelve el pichón que cae del nido, 
desprendiéndose del firmamento,
sin destino certero.

Hay una madre universal 
pariendo todo esto
cada día ,
con dolor y esperanza,
con el vientre explotado 
de alas y margaritas,
con el rostro cansado 
pero lozano y sonrojado, 
jovial, 
fresco.

Hay una madre que lo contiene todo 
en sus brazos interestelares, 
y con una canción de arrullo
nos acoge,
una y otra vez, 
en el seno de la inagotable existencia.

Sometimiento


Sangramos por el corte transversal 
que la realidad nos ha hecho en la mente.
Lloramos con tristeza a los niños ausentes, 
civiles inocentes, 
mientras el tiempo se nos suelta de las manos.
¿Dónde están nuestros hermanos? 
 Perecidos, aplastados por los pies de un indecente.
¿Dónde están esos que amamos? 
Son pasado, son borrones del presente. 
La carne duele, 
y el dolor va como siempre a la memoria. 
Horror que muele, 
que queda escrito como parte de la historia. 
El hombre es tosco, 
sus acciones son las muecas del infierno. 
Seremos oro, 
seremos buenos en algún planeta alterno. 
En este, monstruos...
somos el frío más cruel que da el invierno.
Nos falta sangre, 
en el sentido más poético y moderno. 
Nos sobra sangre, 
en el sentido más agónico y enfermo.