La poesía nace
del encanto
o del desgarro
y es siempre una abstracción
placentera
o dolorosa.
El poeta es un puente
entre el cielo
y el infierno:
mensajero de luz,
vocero de fuego.
Las palabras son
la expiación y la condena
de un alma introspectiva.
Y todo lo que conforma el exterior
es inspiración
o vértigo.
viernes, 26 de abril de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
La esencia de la poesía
no está en el empleo del léxico erudito,
ni en el sabor empalagoso de lo alambicado,
ni en el culteranismo llevado al extremo,
el rebusque de figuras retóricas,
la complejidad de la estructura,
la perfección de la métrica;
sino, en todo esto,
puesto al servicio
de la complejidad humana,
lo más universal del sentimiento,
el retrato de una naturaleza
maternal y amenazante,
el parto y el vómito espiritual,
la pasión contenida
o la que florece libertina.
Podría hablar poéticamente,
si quisiera,
tanto de Mefistófeles
como del acto de defecar.
Podría colocar ornamentos sintácticos
Y paradigmas alejandrinos
en un texto vago y miserable,
y volverlo tan sustancioso
como un árbol de navidad.
Pero seguiría siendo mierda
si no penetrara una fibra ajena,
si no erizara la piel
(aunque sólo la mía fuese
mientras escribo),
si no despertase algún intersticio reflexivo,
nostálgico,
sensorial,
si no tocara una vértebra que sintiésemos ligada
a nuestra identidad.
Contando con esto,
con algo de esto,
la poesía puede prescindir de todo aquello
nombrado en primer lugar.
Pero jamás
puede ser a la inversa .
no está en el empleo del léxico erudito,
ni en el sabor empalagoso de lo alambicado,
ni en el culteranismo llevado al extremo,
el rebusque de figuras retóricas,
la complejidad de la estructura,
la perfección de la métrica;
sino, en todo esto,
puesto al servicio
de la complejidad humana,
lo más universal del sentimiento,
el retrato de una naturaleza
maternal y amenazante,
el parto y el vómito espiritual,
la pasión contenida
o la que florece libertina.
Podría hablar poéticamente,
si quisiera,
tanto de Mefistófeles
como del acto de defecar.
Podría colocar ornamentos sintácticos
Y paradigmas alejandrinos
en un texto vago y miserable,
y volverlo tan sustancioso
como un árbol de navidad.
Pero seguiría siendo mierda
si no penetrara una fibra ajena,
si no erizara la piel
(aunque sólo la mía fuese
mientras escribo),
si no despertase algún intersticio reflexivo,
nostálgico,
sensorial,
si no tocara una vértebra que sintiésemos ligada
a nuestra identidad.
Contando con esto,
con algo de esto,
la poesía puede prescindir de todo aquello
nombrado en primer lugar.
Pero jamás
puede ser a la inversa .
sábado, 16 de febrero de 2013
Paralinguístico
¿Para qué decirnos en idiomas
lo que los cuerpos desbordan?
El ritmo de nuestras venas
es lenguaje universal.
¿Para qué buscar palabras
que describan sensaciones,
si en un gesto instintivo
digo todo sin hablar ?
Nuestras pieles comunican
lo que callan los dialectos,
es un diálogo directo
el que crean al gozar…
-Es labor del intelecto
traducir a otros lectos
lo que prefiero contarte
en posición horizontal-.
Entendés a estos labios
mejor que a estos versos;
seamos un escenario,
actuemos cuentos sin narrar:
tengo infinidad de historias
sobre noches amatorias,
que entre roces y caricias
hoy te quiero recitar.
Las palabras que he aprendido
en mi dioma nativo
no definen lo efusivo
de un sonido al estallar...
En tus brazos sólo escribo
un momento compartido
de placeres que transcribo
sin pudor gramatical.
domingo, 18 de marzo de 2012
La fórmula para ser feliz
La fórmula para ser feliz reside en dos “no”: El primero, no
sentir culpa por las expectativas que no hemos colmado en los demás; el
segundo, no hacer reclamos por las expectativas propias que otros no han
alcanzado. Esta fórmula requiere comprender que nunca nadie estará a la altura
del ideal ajeno, haga lo que haga. Tampoco así el resto alcanzará jamás el
plano requerido por nuestro propio ideal. Debemos quedarnos con lo tangible:
crudo e imperfecto, desprolijo y pasional, espontáneo, impulsivo, nacido de
los sentimientos tantas veces más que de la razón. Eso es lo único que hay:
humanos que algunas veces aciertan y otras se confunden. Nosotros, ellos, todos:
humanos con algo de virtuosos y con algo de torpes.
La dificultad para ser feliz reside en esa misma cuota de “humanidad”,
que es la que nos impide razonar esa felicidad como una fórmula objetiva: juzgamos todo con la vara parcial de los
sentimientos subjetivos, señalamos con el dedo a aquel que ha herido a éstos en
sus variadas formas, sin reparar en que nosotros también fuimos, somos y seremos
señalados. Sí, algunas veces –
consideraremos- injustamente. Pero
siempre juzgaremos esa “injusticia” desde nuestra subjetividad. Subjetividad que,
en otros, llamará “juicio justo” a aquel por nosotros rechazado.
En cuanto a mi vara subjetiva respecta, considero que en la balanza abstracta del recorrido
existencial, quise tanto como me quisieron y lastimé tantas veces como me
lastimaron. A veces di más de lo que recibí, y otras di en detrimento de lo
recibido. Tuve actitudes correctas y fui educada y amable en ciertas
oportunidades, pero también busqué las llagas más purulentas en quienes encontraron
y tocaron las mías.
En resumen: fui
mártir y fui verdugo, o al menos, un atisbo de ambos. Y todos somos, alternando
y a veces en simultáneo, mártir de alguno y verdugo de algún otro (o, por qué
no, del mismo). Tener el espíritu de sensatez y autocrítica como para
reconocerlo, es un pequeño acto de grandeza que requiere un grado de introspección
elevado, y la conciencia de que nadie es santo, y de que la palabra “nadie”,
también incluye a uno mismo.
viernes, 27 de enero de 2012
Acerca del arte
El arte es el amigo servicial y predispuesto
que junta, de tanto en tanto, esos pedacitos de alma
que, esparcidos por el suelo, desangrados y sin calma
gritan esperando que alguna reina piadosa,
en gesto maternal y en misericordia hermosa,
les muestre una sonrisa y les tienda una mano
y sin embargo es el Arte ese fiel hermano
que salva el pellejo de cada trocito
(especie de hermano virtuoso y bendito
que hace que la muerte no sea en vano).
El alma envuelta en sus brazos bonitos,
se sabe ya cómplice de un mundo infinito:
aquel que le será en ley otorgado
cuando haya ingeniosamente jugado
al hermoso juego de universos crear.
Entonces con prisa se saldrá del cuerpo
y se plasmará en un papel, un acorde o un lienzo.
Y en las memorias que desde allí impregne,
se volverá eterna, vencedora e inmortal.
Mientras él esté cerca,
mi espíritu encontrará resguardo.
Única compañía que guardo
sin dolores ni rencores;
entre todos los amores,
¡el más puro y elevado!
Es el arte el buen legado
que dejaremos en esta tierra,
es la llave que abre puertas
en un mundo que han cerrado,
el tesoro más valioso,
-tan sublime y angelado-
que ni la peste, ni la guerra
habrán corroído o enterrado.
que junta, de tanto en tanto, esos pedacitos de alma
que, esparcidos por el suelo, desangrados y sin calma
gritan esperando que alguna reina piadosa,
en gesto maternal y en misericordia hermosa,
les muestre una sonrisa y les tienda una mano
y sin embargo es el Arte ese fiel hermano
que salva el pellejo de cada trocito
(especie de hermano virtuoso y bendito
que hace que la muerte no sea en vano).
El alma envuelta en sus brazos bonitos,
se sabe ya cómplice de un mundo infinito:
aquel que le será en ley otorgado
cuando haya ingeniosamente jugado
al hermoso juego de universos crear.
Entonces con prisa se saldrá del cuerpo
y se plasmará en un papel, un acorde o un lienzo.
Y en las memorias que desde allí impregne,
se volverá eterna, vencedora e inmortal.
Mientras él esté cerca,
mi espíritu encontrará resguardo.
Única compañía que guardo
sin dolores ni rencores;
entre todos los amores,
¡el más puro y elevado!
Es el arte el buen legado
que dejaremos en esta tierra,
es la llave que abre puertas
en un mundo que han cerrado,
el tesoro más valioso,
-tan sublime y angelado-
que ni la peste, ni la guerra
habrán corroído o enterrado.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Mensú
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Energia sinérgica y toxoplasmódica
danzas eléctricas y luz alegórica
metáfora continua de mundo desmenuzado
danzarinas que flotan en vientres ultrajados
pasas de uva que rien en la luna
luna lunera, lunar y lunática,
selva amazónica de hierba simpática
bajo luz residual iluminada:
durante el día tímida y callada,
lasciva y profunda de noche…
selva de goce y derroche
en dulce rocío mojada.
Pasos de ave desplumada
sobre el arcoíris que prisma enojada
la gotera de tu nariz.
Bomba atómica colorida
detona atónita en tónica Mi o Fa.
Sol ácido percude notas blancas,
claroscuro subibaja,
pato ñato o pato tero…
“se me ha perdido un guante de acero”.
Se me ha perdido un pato de acero,
Un parto de tero,
un partero ñato,
un guante de notas blancas.
Casos de cosas, ocasos
zócalos locos, ¡sácalos!
Un sentido sinsentido,
desde el fondo del alma mala.
Un juego, un anagrama,
amargan a la razón los palíndromos,
y arruina la vista el
onanismo
(mitos y leyendas de estrabismos
originados por esta causa,
causan temor o causan gracia,
antes que ceguera).
“¡Que las manden a la hoguera!”
Luna lunera, cascabelera
Salgo adentro y entro afuera.
Todo se viste de absurdo
como en los juegos de niños,
que encierran el misterio del mundo
en tres palabras que develo:
Mensú famelo melo
¡Y que viva el vanguardismo!
domingo, 6 de noviembre de 2011
Deleites
Mientras el mundo no despoje
de sus pequeños placeres,
puede hacer cuanto le antoje
con una existencia huésped.
En cuanto a esta vida respecta,
no hace al mundo más reclamos
que aquel que el de ser provista
de todo aquello que llamo
levemente banal,
pero que abarca, en lo trivial
mucho de lo que amo.
En tanto él como anfitrión
me invite a un festín pomposo
y me ofrezca generoso
el olor a café tostado,
el amor desinteresado
en una mirada amiga,
o puñados de arena fina
escurridiza entre los dedos,
nada más pedirle puedo
que lo que aquí ahora diga,
pues sumar por ambición
muta a gula y da fatiga.
Si en buena voluntad
trae aires de viñedo,
el perfume de los lirios,
la música y los libros,
cantares de algún ave
en un amanecer corriente,
besos pasionales,
caricias insolentes,
un poco de cordura
y una pizca de delirio…
hálleme dichosa,
llena la barriga,
pleno el corazón,
densa la vejiga.
El plato y vaso vacíos
en buena ley degustados
y un sabor pronunciado
recorriéndome los labios,
me cuentan los resabios
de las vidas no vividas
que por necias, reprimidas
resignadas o fingidas,
no se entregan al deleite
y se pierden por vencidas.
Y así de satisfecha,
en un feliz arrebato
escribiendo sobre ello
me perdí por un rato,
escuchando con alegría
el ronroneo de un gato
que con la pancita llena
pone fin a su día,
y con bella osadía
se posa en mis cabellos,
los despeina con sus patas
y dibuja un garabato.
de sus pequeños placeres,
puede hacer cuanto le antoje
con una existencia huésped.
En cuanto a esta vida respecta,
no hace al mundo más reclamos
que aquel que el de ser provista
de todo aquello que llamo
levemente banal,
pero que abarca, en lo trivial
mucho de lo que amo.
En tanto él como anfitrión
me invite a un festín pomposo
y me ofrezca generoso
el olor a café tostado,
el amor desinteresado
en una mirada amiga,
o puñados de arena fina
escurridiza entre los dedos,
nada más pedirle puedo
que lo que aquí ahora diga,
pues sumar por ambición
muta a gula y da fatiga.
Si en buena voluntad
trae aires de viñedo,
el perfume de los lirios,
la música y los libros,
cantares de algún ave
en un amanecer corriente,
besos pasionales,
caricias insolentes,
un poco de cordura
y una pizca de delirio…
hálleme dichosa,
llena la barriga,
pleno el corazón,
densa la vejiga.
El plato y vaso vacíos
en buena ley degustados
y un sabor pronunciado
recorriéndome los labios,
me cuentan los resabios
de las vidas no vividas
que por necias, reprimidas
resignadas o fingidas,
no se entregan al deleite
y se pierden por vencidas.
Y así de satisfecha,
en un feliz arrebato
escribiendo sobre ello
me perdí por un rato,
escuchando con alegría
el ronroneo de un gato
que con la pancita llena
pone fin a su día,
y con bella osadía
se posa en mis cabellos,
los despeina con sus patas
y dibuja un garabato.
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