miércoles, 21 de agosto de 2013

Gea

Bésame”, dijo la tierra,
algo en ella hablaba con júbilo,
algo nacía desde sus vísceras,
continentes de su exaltación,
bisagras de su acontecer.


La iridiscencia refulgente
en las llamas de su grito,
brillaba benevolente,
sacudiendo mis latidos.


Oye mi llanto y canta”,
dijo con apacible empatía.
Y al oír su dulce voz,
el rumor del río se estremeció,
y todas las aristas en mis arterias
sintieron la vida empaparse en fulgor.


Lodo y florecillas
entrelazados y rozagantes,
crearon, sin condiciones,
sostén sagrado bajo mis pies.
La piel y el barro se fundieron,
la piel y la naturaleza toda,
gracia florida germinada en el cuerpo,
fuga gloriosa de uno mismo
y de su contenido.


Abre mi pecho y guarda un secreto”,
y entonces, regalé mi mejor semilla.
Nos fundimos en un abrazo,
y en ese instante de entrega,
yo me vi reflejada en sus raíces,
y ella se vio prismada en mis ojos.


Desde entonces,
supimos que nos necesitábamos,
y tuve la certeza
de que Gea sería la única
que no me olvidaría.




miércoles, 24 de julio de 2013

Lagrimar

El silencio de la noche
te refleja, cristalina;
en las hojas de los árboles
caes pura y vespertina.
Gota húmeda y mortuoria, 
lapidaria y libertina…
¿Ahogaste a aquel cadáver
que se lleva la matina?

Arde un alba renaciente
donde nadie ya domina,
donde libre es el que vuela
tanto como el que camina.
Dulces mares sin corriente,
tersas rosas sin espinas
(el cadáver se sumerge
en bendita agua marina).

Diste vida a estas tierras,
y a toda tierra vecina:
fecundaste en las raíces
esa fuerza repentina.
Gota húmeda y mortuoria,
lapidaria y libertina,
¿Has ahogado al pensamiento
en tus brotes de asesina?

Algo flota inanimado,
el dolor se difumina
y se pierde para siempre
en huida clandestina.
Gota lúgubre y versátil,
arrojaste en una esquina
al cadáver que se escapa
del recuerdo y la retina.




Espantapájaros

Ruinas, 
abismos de cumbres silenciosas.
Y pobres de espíritu,
tantos pobres de espíritu
arrastrándote .
“Perdonalos,
agradecé que no sos vos,
agradecé y perdoná,
enseñales y retenelos
de la caída libre”
Comprender,
con templanza y sin descargo,
con piedad y sin reproche,
“podrías ser vos”,
errores humanos.
Y por esas cuestiones cósmicas
con algo de causa y con algo de azar,
en casi todas las ocasiones
me toca estar del lado del puje,
del lado de la entrega,
del altruismo y del sacrificio.
Y a veces cansa,
“errar es humano”,
cansarse también.
Brindarse,
dejándose de lado.
Curarse solo la herida,
porque los demás no pueden con las suyas.
Sostener mochilas
llenas de mambo ajeno
ser perchero, cómplice y mesías
para avivar giles,
para alimentar buitres,
para sacudir amebas,
para reanimar mosquitas.
“ser el espantapájaros para que otros echen vuelo”.

Y a veces, la paja se prende fuego.

viernes, 26 de abril de 2013

La poesía nace
del encanto
o del desgarro
y es siempre una abstracción
placentera
o dolorosa.
El poeta es un puente
entre el cielo
y el infierno:
mensajero de luz,
vocero de fuego.
Las palabras son

la expiación y la condena
de un alma introspectiva.
Y todo lo que conforma el exterior
es inspiración
o vértigo.



lunes, 4 de marzo de 2013

La esencia de la poesía
no está en el empleo del léxico erudito,
ni en el sabor empalagoso de lo alambicado,
ni en el culteranismo llevado al extremo,
el rebusque de figuras retóricas,
la complejidad de la estructura,
la perfección de la métrica;
sino, en todo esto,
puesto al servicio
de la complejidad humana,
lo más universal del sentimiento,
el retrato de una naturaleza
maternal y amenazante,
el parto y el vómito espiritual,
la pasión contenida
o la que florece libertina.
Podría hablar poéticamente,
si quisiera,
tanto de Mefistófeles
como del acto de defecar.
Podría colocar ornamentos sintácticos
Y paradigmas alejandrinos
en un texto vago y miserable,
y volverlo tan sustancioso
como un árbol de navidad.
Pero seguiría siendo mierda
si no penetrara una fibra ajena,
si no erizara la piel
(aunque sólo la mía fuese
mientras escribo),
si no despertase algún intersticio reflexivo,
nostálgico,
sensorial,
si no tocara una vértebra que sintiésemos ligada
a nuestra identidad.
Contando con esto,
con algo de esto,
la poesía puede prescindir de todo aquello
nombrado en primer lugar.
Pero jamás
puede ser a la inversa .

sábado, 16 de febrero de 2013

Paralinguístico



¿Para qué decirnos en idiomas
lo que los cuerpos desbordan?
El ritmo de nuestras venas
es lenguaje universal.

¿Para qué buscar palabras
que describan sensaciones,
si en un gesto instintivo
digo todo sin hablar ?

Nuestras pieles comunican
lo que callan los dialectos,
es un diálogo directo
el que crean al gozar…

-Es labor del intelecto
traducir a otros lectos
lo que prefiero contarte
en posición horizontal-.

Entendés a estos labios
mejor que a estos versos;
seamos un escenario,
actuemos cuentos sin narrar:
tengo infinidad de historias
sobre noches amatorias,
que entre roces y caricias
hoy te quiero recitar.   
  
Las palabras que he aprendido
en mi dioma nativo
no definen lo efusivo
de un sonido al estallar...

En tus brazos sólo escribo
un momento compartido
de placeres que transcribo
sin pudor gramatical.


domingo, 18 de marzo de 2012

La fórmula para ser feliz


La fórmula para ser feliz reside en dos “no”: El primero, no sentir culpa por las expectativas que no hemos colmado en los demás; el segundo, no hacer reclamos por las expectativas propias que otros no han alcanzado. Esta fórmula requiere comprender que nunca nadie estará a la altura del ideal ajeno, haga lo que haga. Tampoco así el resto alcanzará jamás el plano requerido por nuestro propio ideal. Debemos quedarnos con lo tangible: crudo e imperfecto, desprolijo y pasional, espontáneo, impulsivo, nacido de los sentimientos tantas veces más que de la razón. Eso es lo único que hay: humanos que algunas veces aciertan y otras se confunden. Nosotros, ellos, todos: humanos con algo de virtuosos y con algo de torpes.
La dificultad para ser feliz reside en esa misma cuota de “humanidad”, que es la que nos impide razonar esa felicidad como una fórmula objetiva:  juzgamos todo con la vara parcial de los sentimientos subjetivos, señalamos con el dedo a aquel que ha herido a éstos en sus variadas formas, sin reparar en que nosotros también fuimos, somos y seremos señalados.  Sí, algunas veces – consideraremos-  injustamente. Pero siempre juzgaremos esa “injusticia” desde nuestra subjetividad. Subjetividad que, en otros, llamará “juicio justo” a aquel por nosotros rechazado.
En cuanto a mi vara subjetiva respecta, considero  que en la balanza abstracta del recorrido existencial, quise tanto como me quisieron y lastimé tantas veces como me lastimaron. A veces di más de lo que recibí, y otras di en detrimento de lo recibido. Tuve actitudes correctas y fui educada y amable en ciertas oportunidades, pero también busqué las llagas más purulentas en quienes encontraron y tocaron las mías.
 En resumen: fui mártir y fui verdugo, o al menos, un atisbo de ambos. Y todos somos, alternando y a veces en simultáneo, mártir de alguno y verdugo de algún otro (o, por qué no, del mismo). Tener el espíritu de sensatez y autocrítica como para reconocerlo, es un pequeño acto de grandeza que requiere un grado de introspección elevado, y la conciencia de que nadie es santo, y de que la palabra “nadie”, también incluye a uno mismo.