viernes, 29 de julio de 2011
Hilos de plata tejen la nada, trampa eterna en la que cae el todo. Como insectos ciegos, vamos hacia las redes. Nos entregamos, dulces suicidas. El sistema es una araña hambrienta que deposita sus huevos sobre nuestras mentes. Somos víctimas de un huesped que las neuronas ingenuamente acobijan. Nuestras cabezas: redes sobre redes, tejidas entre tejidos...
lunes, 9 de mayo de 2011

El corazón de la tierra cabalga
Atravesando bosques idílicos
Siente la fuerza del viento,
¡Jinete veloz y libertino!
Siguiendo el canto de las hojas
Se desangra y un largo camino
Rojo sobre verde señala,
Pasaje de vivo fluido
Por el que otros corazones
Han de galopar decididos:
Arrean con nobles arterias
Al ferus que llevan consigo
Y la vena cava inferior
Afianzan en el estribo.
Laten ávidos de aire
Hallando cerca el destino
Que la sangre madre marcó
En rojizos trazos finos.
Válvulas aórticas propulsan
Oxígeno onírico y ductivo
¡Y la arteria aorta suspira
En este corazón mío!
Feliz y exhausto ya triunfa
En el locus del mediastino
Aquel corazón que ha llegado
En trote veloz y furtivo.
Detrás quedan todos los otros
Y a paso certero y sentido
Conquista estas tierras amenas
Que otros no han recorrido.
Se abre un paisaje en mi pecho
Y posa entre flores tendido
El jinete surreal que cabalga
Livianos y etéreos equinos.
Descansa en un lecho de versos,
Señor de este bosque fruitivo;
Te arrulla con suaves murmullos
Este alma que trae el río.
Y en el silencio de la noche
Mientras el cielo contemples tendido,
Verás escritos en las estrellas
Estos versos que allí han surgido.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Jano
Párpados boreales, umbrales que se abren en un rostro atemporal. Un ojo llora el pasado, el otro anhela aquel futuro utópico, ideal. Nosotros, venimos siendo, una herida profunda en el medio de la frente: somos sangre que fluye, dinamismo, presente...
Lo primero que recuerdo haber sentido fue su respiración. Luego, la mirada en la nuca.
Las inevitables gotas de sudor nervioso comenzaron a recorrer los caminos habituales sobre mi cuerpo, para terminar donde siempre.
Intenté simular en mis interiores un halo de estabilidad, de integridad y autoconfianza, aun sabiéndome descubierta.
Mas es la única mirada que me conoce, la única que quiebra la superficie y destruye mis muros teatrales con una facilidad irritante.
Y entonces, es como siempre. La sensación-certeza de estar siendo visto en un estado y actitud deplorables, entiéndase, pretendiendo que no se ha caído en cuenta de haber sido descubierto, y aún más patético, osando autoconvencerse de ello.
Es ser el último en esconderse y haber elegido el peor y más predecible de los escondites; es ser la tortuga en un juego en el que hay que correr para liberarse.
Él sabe que ha ganado. Lo supo desde el primer momento.
Jamás tuve la posibilidad de liberarme, porque jamás quise esconderme de él.
En el fondo, siempre anhelé que me encontrara.
Lo espero mientras me expongo, vulnerable y visible, a sus ansias de ganar.
Y se escapa un gemido de mis labios, casi cómplice, mientras lo oigo contar con la picardía del cazador que sale en busca de su presa más fácil.
Él siempre sabrá dónde hallarme.
Las inevitables gotas de sudor nervioso comenzaron a recorrer los caminos habituales sobre mi cuerpo, para terminar donde siempre.
Intenté simular en mis interiores un halo de estabilidad, de integridad y autoconfianza, aun sabiéndome descubierta.
Mas es la única mirada que me conoce, la única que quiebra la superficie y destruye mis muros teatrales con una facilidad irritante.
Y entonces, es como siempre. La sensación-certeza de estar siendo visto en un estado y actitud deplorables, entiéndase, pretendiendo que no se ha caído en cuenta de haber sido descubierto, y aún más patético, osando autoconvencerse de ello.
Es ser el último en esconderse y haber elegido el peor y más predecible de los escondites; es ser la tortuga en un juego en el que hay que correr para liberarse.
Él sabe que ha ganado. Lo supo desde el primer momento.
Jamás tuve la posibilidad de liberarme, porque jamás quise esconderme de él.
En el fondo, siempre anhelé que me encontrara.
Lo espero mientras me expongo, vulnerable y visible, a sus ansias de ganar.
Y se escapa un gemido de mis labios, casi cómplice, mientras lo oigo contar con la picardía del cazador que sale en busca de su presa más fácil.
Él siempre sabrá dónde hallarme.
viernes, 28 de enero de 2011
Pseudo aforismos
-Pretender ser objetivo es un objetivo muy subjetivo.
- Querer a alguien es muy distinto que enojarse con alguien al no tenerlo.
- No es la vida lo que apesta, sino los quejosos que la llevan en sus adentros como quien portara una enfermedad crónica.
- Los chismosos son como las moscas: se alimentan de pestilencias ajenas y las transportan dondequiera que vayan, volviéndose una pestilencia en sí. Es por ello que sus zumbidos nos resultan tan aborrecibles.
- Los soberbios son como mariposas: revolotean jactándose de sus alas iridiscentes, cuando la mayor parte de su vida han sido gusanos. Pero su vuelo es efímero y su caer inminente.
- Las palabras pueden ser un arma hermosa, pero si la más bella de las retóricas sustenta un contenido hipócrita, es como usar un arma sin balas.
- Los vicios nos vuelven esclavos, al igual que los afectos.
- Ser humano terriblemente defectuoso: aquel que no tiene defectos.
- Por cada mentira piadosa, existen cinco piedades mentirosas.
- Transitar la vida es como subirse a una montaña rusa: a veces es adrenalina, y otras es vómito.
- Toda verdad absoluta es relativa a los sentidos humanos.
- Vivir con odio es darle más importancia a quien se odia que a sí mismo, es focalizar nuestra existencia en el daño que podemos causar en otro. En el proceso, nos pudrimos por dentro y nos olvidamos de cultivar virtudes. Es muy probable, por ello, que acabemos siendo un híbrido de todos nuestros enemigos.
- La máscara del moralista es el disfraz más surrealista que se haya creado jamás.
- Hemos dejado de ser pensantes en el preciso momento en que dejamos de mamar cultura y comenzamos a hacer culto a las mamas.
- El verdadero amigo no es quien nos dice dulcemente lo que queremos oír, sino aquel que nos dice sin rodeos lo que necesitamos escuchar.
- Toda persona extremadamente condescendiente esconde siempre un potencial aliado al enemigo.
- Se suele amar mucho a la patria, pero poco al mundo. La inercia de las placas tectónicas y la locación azarosa de cuerpos no debería ser tan sobrestimada. Se compite, se mata y se muere por la patria, como si fuese un ente con vida propia digno de sacrificios humanos. Lo mismo ha sucedido por siglos con dios.
- Quien discute sin ánimos constructivos, está perdiendo tiempo, cordura y buenas costumbres.
- Percibimos y evocamos al mundo y a las personas a través de nuestros órganos y tejidos perecederos, mas nuestras percepciones pueden plasmarse y transmitirse entre generaciones y volverse, de ese modo, atemporales. Es entonces cuando hablamos de vida eterna.
- Querer a alguien es muy distinto que enojarse con alguien al no tenerlo.
- No es la vida lo que apesta, sino los quejosos que la llevan en sus adentros como quien portara una enfermedad crónica.
- Los chismosos son como las moscas: se alimentan de pestilencias ajenas y las transportan dondequiera que vayan, volviéndose una pestilencia en sí. Es por ello que sus zumbidos nos resultan tan aborrecibles.
- Los soberbios son como mariposas: revolotean jactándose de sus alas iridiscentes, cuando la mayor parte de su vida han sido gusanos. Pero su vuelo es efímero y su caer inminente.
- Las palabras pueden ser un arma hermosa, pero si la más bella de las retóricas sustenta un contenido hipócrita, es como usar un arma sin balas.
- Los vicios nos vuelven esclavos, al igual que los afectos.
- Ser humano terriblemente defectuoso: aquel que no tiene defectos.
- Por cada mentira piadosa, existen cinco piedades mentirosas.
- Transitar la vida es como subirse a una montaña rusa: a veces es adrenalina, y otras es vómito.
- Toda verdad absoluta es relativa a los sentidos humanos.
- Vivir con odio es darle más importancia a quien se odia que a sí mismo, es focalizar nuestra existencia en el daño que podemos causar en otro. En el proceso, nos pudrimos por dentro y nos olvidamos de cultivar virtudes. Es muy probable, por ello, que acabemos siendo un híbrido de todos nuestros enemigos.
- La máscara del moralista es el disfraz más surrealista que se haya creado jamás.
- Hemos dejado de ser pensantes en el preciso momento en que dejamos de mamar cultura y comenzamos a hacer culto a las mamas.
- El verdadero amigo no es quien nos dice dulcemente lo que queremos oír, sino aquel que nos dice sin rodeos lo que necesitamos escuchar.
- Toda persona extremadamente condescendiente esconde siempre un potencial aliado al enemigo.
- Se suele amar mucho a la patria, pero poco al mundo. La inercia de las placas tectónicas y la locación azarosa de cuerpos no debería ser tan sobrestimada. Se compite, se mata y se muere por la patria, como si fuese un ente con vida propia digno de sacrificios humanos. Lo mismo ha sucedido por siglos con dios.
- Quien discute sin ánimos constructivos, está perdiendo tiempo, cordura y buenas costumbres.
- Percibimos y evocamos al mundo y a las personas a través de nuestros órganos y tejidos perecederos, mas nuestras percepciones pueden plasmarse y transmitirse entre generaciones y volverse, de ese modo, atemporales. Es entonces cuando hablamos de vida eterna.
miércoles, 29 de diciembre de 2010

Algún tiempo atrás que hoy no sabría precisar, encontré un cadáver enterrado en mi jardín. Una mosca volaba sobre él, su tesoro: carne y jugos humanos, lubricantes naturales de una morada brutalmente penetrada por la luz diurna.
Permanecí cerca y en silencio, observándolo con cierto morbo que superaba en alto grado al asco.
Olí la muerte, tan fresca. La desabstraje y le otorgué imagen y sonido: tenía un tinte a tierra, y definitivamente debía sonar como melodías lujuriosas en los oídos de cualquier insecto que la rodeara.
En la boca del muerto, pequeñas lombrices se contorneaban dibujando ochos infinitos. Entre sus dientes, parecían trabajar de manera constante y obstinada; entraban y salían, dando visualmente la impresión de ser tragadas y expelidas en simultáneo.
La banda sonora de tal escena biliosa era el irritante zumbido de la mosca, que no dejaba de restregar sus patas mientras se hospedaba levemente inquieta sobre su nariz.
No sabía a quién había pertenecido aquel cuerpo. Desconocía su nombre, y las circunstancias bajo las cuales habría terminado bajo mi césped.
En cambio, sí me pareció reconocer a la mosca. Podrán decirme que es tarea imposible diferenciar a una del resto, pero esta mosca era distinta a todas las otras, la habría identificado entre miles, tal como la muerte milenariamente ha reconocido entre multitudes a sus destinatarios, como cada destino ha sabido identificar siempre a su siervo.
Recordé haber intentado zafarme de ella en una ocasión en la que se había posado sobre mí mientras leía entretenida un cuento de Wilde que versaba sobre el destino y la quiromancia.
Recordé haber hecho un ademán con la mano para ahuyentarla, pero ésta había permanecido allí, inmóvil, como si las molestias causadas por mi histeria dactilar hubiesen sido naturalmente aceptadas por su burda existencia. En las antípodas, yo no me resignaba a aceptar su visita, y no la resistía adhiriéndose a mi piel por un segundo más. Tal vez, aprovechándome de su inusitada carencia de reflejo motriz ante el peligro, debí haber acabado con su miserable vida en esa oportunidad, mas por cierta convicción ideológica, sentí que no debía inferir en la naturalidad biológica de los hechos, y decidí entonces apartarla sutilmente y posarla sobre una hoja, para que luego se marchara.
Se me ocurrió, entonces, una analogía entre mi retrospección anecdótica del pequeño insecto y el cadáver que ahora encandilaba mis retinas: mientras la mosca se movía sobre su nariz, sobre sus ojos, éste no podía hacer nada ya por evitarla, permanecía inerte, las lombrices comían de su lengua y habría sido incapaz de gritar o de escupirlas y liberarse de ellas.
En ese momento y bajo esa visión, tuve una última epifanía: todo lo que me había alterado o resultado desagradable a lo largo de mi estadía era todo lo que inexorablemente me alcanzaría en algún punto, porque nadie puede resistirse a su destino, nadie en vida puede evitar lo que la vida misma implica; escapándose o escondiéndose, uno sólo retrasa la eventualidad de las cosas, no desvanece su existencia, ni mucho menos su devenir.
Comprendí que ahuyentando a la mosca con el ademán de mi mano en aquella ocasión no la habría hecho desaparecer, simplemente la habría alejado por un instante, pero si no era ella, habría miles de moscas que volverían, ad infinitum.
Ella lo sabía. Tal vez, por ello mismo permaneció quieta. Volara o no, su destino, y con él el mío, ya estaban marcados.
"Evitar, simplemente posponer", me dije entonces. Y mientras exhalaba desde algún intersticio extraño estos últimos pensamientos, ella posaba sobre la nariz del cadáver, y noté que algo me atraía violentamente hacia el mismo lugar. Fue entonces cuando noté que mi voz era todo zumbidos, fue entonces que noté también que había estado observando toda la escena a través de ocelos. La reconocí, sí. La reconocí porque me reconocí en ella.
Con los últimos pensamientos desordenados, intenté buscar una explicación lógica. Ninguna pudo venir a mi mente de insecto, sin que tuviese que agregarle una cuota bastante grande de maldición o magia.
Quizás yo había sido alguna vez humana, y tenía recuerdos de mi vida bajo esa forma. Al menos que no fueran recuerdos de esta vida, sino de otra. Que esto no fuera una metamorfosis, sino una retorcida y jodida reencarnación. Pero de ser así, la otra mosca también debería haber reencarnado en otra cosa, no podría seguir enfrascada en la misma anatomía de su vida anterior.
Mi vida humana podía ser un delirio de mi mente. quizás siempre había sido una mosca y por algún motivo comenzaron las alucinaciones antropomorfas. La otra mosca era una proyección de mí misma, era yo. La humana que creía ser yo, era alguien con quien me habría topado y con quien intercambié personalidades en mi cabeza enferma y podrida de tanto comer mierda.
Alguna vez fui humana y morí. Mi cuerpo en descomposición atrajo a las moscas. Alguna de ellas depositó sus larvas y alguna de las larvas absorbió parte de mi ADN y en alguna extraña mutación genética conservó mis recuerdos. Una puta y asquerosa mosca me mantuvo viva.
No me decidí por ninguna de las tres teorías, al fin y al cabo ya ninguna parecía tener sentido. Opté por silenciar el pensamiento y disfrutar de mi plato del día. Humano o insecto, es siempre lo mismo: cuando hay hambre, no hay otra cosa que importe. ¡Mierda! ¿Son estas, acaso, palabras? Perdón si todo esto fue simplemente un gran y molesto zumbido.
"Evitar, simplemente posponer", me dije entonces. Y mientras exhalaba desde algún intersticio extraño estos últimos pensamientos, ella posaba sobre la nariz del cadáver, y noté que algo me atraía violentamente hacia el mismo lugar. Fue entonces cuando noté que mi voz era todo zumbidos, fue entonces que noté también que había estado observando toda la escena a través de ocelos. La reconocí, sí. La reconocí porque me reconocí en ella.
Con los últimos pensamientos desordenados, intenté buscar una explicación lógica. Ninguna pudo venir a mi mente de insecto, sin que tuviese que agregarle una cuota bastante grande de maldición o magia.
Quizás yo había sido alguna vez humana, y tenía recuerdos de mi vida bajo esa forma. Al menos que no fueran recuerdos de esta vida, sino de otra. Que esto no fuera una metamorfosis, sino una retorcida y jodida reencarnación. Pero de ser así, la otra mosca también debería haber reencarnado en otra cosa, no podría seguir enfrascada en la misma anatomía de su vida anterior.
Mi vida humana podía ser un delirio de mi mente. quizás siempre había sido una mosca y por algún motivo comenzaron las alucinaciones antropomorfas. La otra mosca era una proyección de mí misma, era yo. La humana que creía ser yo, era alguien con quien me habría topado y con quien intercambié personalidades en mi cabeza enferma y podrida de tanto comer mierda.
Alguna vez fui humana y morí. Mi cuerpo en descomposición atrajo a las moscas. Alguna de ellas depositó sus larvas y alguna de las larvas absorbió parte de mi ADN y en alguna extraña mutación genética conservó mis recuerdos. Una puta y asquerosa mosca me mantuvo viva.
No me decidí por ninguna de las tres teorías, al fin y al cabo ya ninguna parecía tener sentido. Opté por silenciar el pensamiento y disfrutar de mi plato del día. Humano o insecto, es siempre lo mismo: cuando hay hambre, no hay otra cosa que importe. ¡Mierda! ¿Son estas, acaso, palabras? Perdón si todo esto fue simplemente un gran y molesto zumbido.
miércoles, 28 de abril de 2010
Estado de elevación puro.
El espíritu asciende,
La razón desciende y mi yo,
Mi ser más íntimo,
Trasciende el tiempo y el espacio
Para flotar en el infinito.
No ser, no estar:
Renacimiento del alma
En su fase más real.
Hoy tengo la capacidad
De transformar en luz la oscuridad,
En creación la tristeza,
En sublimación artística el dolor existencial.
Entonces el horror se vuelve belleza,
La sangre se vuelve poesía,
Y el llanto
un mar que fluye hacia lo eterno.
Ciertamente,
Hay mucho de gusanos en nosotros.
Pero algunos de ellos,
Eventualmente,
Transmutamos:
Mudamos de piel
Y percibimos las cosas
Desde sentidos distintos.
Y entonces,
Ya nada es lo que solía ser,
Pues ni siquiera
Nosotros mismos lo somos.
“Aquí” se desdibuja ante “más allá”,
Todo de pronto parece nada
Y a su vez nada resurge como todo.
Los valores morales,
Estéticos,
Sociales,
Pierden su aparente valor.
Y en otros, diferentes,
Nos sentimos completos
A pesar de no tener nada
A la vista de quienes
no han transmutado.
En esta nueva apariencia
Nos tornamos más livianos,
Nos liberamos del peso
Que tanto tiempo hemos cargado
Resignados.
Cada día que despierto aquí
Lucho por dejar de ser el gusano
Y volverme la mariposa,
Por dejar de arrastrarme
Y ver cómo crecen mis alas,
Para volar más allá.
Y aunque corra el riesgo
De volar un breve instante y luego morir…
¡Bendita sea la metamorfosis!
Veinticuatro horas en el aire,
Se vuelven atemporales...
El espíritu asciende,
La razón desciende y mi yo,
Mi ser más íntimo,
Trasciende el tiempo y el espacio
Para flotar en el infinito.
No ser, no estar:
Renacimiento del alma
En su fase más real.
Hoy tengo la capacidad
De transformar en luz la oscuridad,
En creación la tristeza,
En sublimación artística el dolor existencial.
Entonces el horror se vuelve belleza,
La sangre se vuelve poesía,
Y el llanto
un mar que fluye hacia lo eterno.
Ciertamente,
Hay mucho de gusanos en nosotros.
Pero algunos de ellos,
Eventualmente,
Transmutamos:
Mudamos de piel
Y percibimos las cosas
Desde sentidos distintos.
Y entonces,
Ya nada es lo que solía ser,
Pues ni siquiera
Nosotros mismos lo somos.
“Aquí” se desdibuja ante “más allá”,
Todo de pronto parece nada
Y a su vez nada resurge como todo.
Los valores morales,
Estéticos,
Sociales,
Pierden su aparente valor.
Y en otros, diferentes,
Nos sentimos completos
A pesar de no tener nada
A la vista de quienes
no han transmutado.
En esta nueva apariencia
Nos tornamos más livianos,
Nos liberamos del peso
Que tanto tiempo hemos cargado
Resignados.
Cada día que despierto aquí
Lucho por dejar de ser el gusano
Y volverme la mariposa,
Por dejar de arrastrarme
Y ver cómo crecen mis alas,
Para volar más allá.
Y aunque corra el riesgo
De volar un breve instante y luego morir…
¡Bendita sea la metamorfosis!
Veinticuatro horas en el aire,
Se vuelven atemporales...
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